La belleza de soltar
Querida/o alma tranquila:
Esta mañana, una hoja se desprendió frente a mi ventana. No cayó con prisa: descendió en espiral, como si escuchara una música lenta que sólo el otoño conoce. Al verla, pensé en todo lo que también en nosotros está listo para soltarse sin lucha.
El estoicismo nos recuerda distinguir entre lo que podemos y no podemos controlar. El wu wei taoísta susurra: “no fuerces el río”. Entre ambos, aparece una sabiduría cotidiana: cuando una etapa ha cumplido su ciclo, sostenerla con los puños apretados sólo nos cansa. Soltar no es abandonar; es abrir las manos para que vuelva el pulso natural de la vida.
Tal vez sea un plan que ya no te cuida, una expectativa rígida, una autoexigencia que pesa. O una conversación pendiente con tu propia ternura. El otoño nos presta su metáfora: la savia regresa al tronco, la copa se aligera, el árbol no se vuelve menos árbol por dejar ir sus hojas; se vuelve más verdadero.
Si te nace, cuéntanos qué hoja simbolizaste hoy. Leerte también nos recuerda que no estamos solos en este cambio lento.
Ritual de la Semana
Con calma y gratitud
Via Serenis